La historia de Ruth, una figura emblemática de la Biblia, sigue resonando en las tradiciones judía y católica. Originaria de Moab, Ruth se convirtió en un símbolo de valentía y lealtad, enfrentándose a adversidades que la llevaron a ser parte del linaje del Rey David y, por ende, de Jesús. Su relato comienza con la tragedia de perder a su esposo y a otros hombres de su familia, lo que la llevó a acompañar a su suegra, Noemí, de regreso a Belén.
La historia de Ruth, contenida en uno de los libros más antiguos de la Biblia, refleja la lucha de las mujeres en tiempos difíciles. A pesar de ser viuda y empobrecida, su determinación por no abandonar a Noemí la llevó a trabajar en los campos de un pariente llamado Booz, donde su bondad y dedicación fueron recompensadas con un nuevo matrimonio. Este acto de lealtad no solo la posicionó como un ejemplo de virtud, sino que también destacó la importancia de la familia y la comunidad.
Los manuscritos más antiguos que mencionan a Ruth se encuentran en los Rollos del Mar Muerto y en códices como el de Alepo y el de Leningrado, que datan de siglos antes de Cristo. Su historia no solo es un relato de superación personal, sino que también se entrelaza con la genealogía de Jesús, donde Ruth es reconocida como una de las cinco mujeres en la línea que llega hasta el Salvador.
Ruth representa un modelo de amor y sacrificio, y su historia sigue siendo relevante hoy en día, pues enseña lecciones sobre la fe, la lealtad y el valor de enfrentar los desafíos con determinación. La tumba de Ruth, situada en Hebrón, se ha convertido en un lugar de peregrinación, donde su legado perdura. En un mundo que a menudo olvida la historia, la figura de Ruth nos recuerda la importancia de la resiliencia y el amor familiar en tiempos de adversidad.