**Terence Hill, el ícono del cine italiano, enfrenta un ocaso melancólico a casi 90 años**
Terence Hill, conocido por sus papeles memorables junto a Bud Spencer, está viviendo una etapa de su vida que contrasta profundamente con la alegría que solía brindar a millones. Acercándose a los 90 años, su historia se ha tornado silenciosa y nostálgica. Una reciente exploración de su vida revela un hombre que se ha alejado del bullicio de la fama y ha encontrado refugio en las tranquilas colinas de Umbría, Italia, específicamente en Amelia, un pueblo que representa su infancia y su conexión más profunda con el pasado.
Una infancia marcada por el horror de la Segunda Guerra Mundial dejó cicatrices en el joven Mario Girotti, quien, a través de su carrera, se convirtió en el querido Terence Hill. Desde sus inicios en el cine italiano hasta su consagración en el género del spaghetti western, su carisma cautivó a generaciones. Sin embargo, la tragedia personal ha marcado su vida reciente. La muerte de su hijo adoptivo, Ross, en un accidente automovilístico en 1990, sumió a Hill en una depresión que le ha perseguido desde entonces.
Hoy, a sus 86 años, Hill ha optado por una vida más tranquila, lejos de los reflectores que lo hicieron famoso. El retiro no ha sido fácil; su decisión de alejarse de la actuación y de proyectos que una vez colmaron su vida se fundamenta en un deseo de priorizar su familia y su bienestar emocional. Su hijo, Jess, ha compartido que la pandemia fue un punto de inflexión, brindándoles la oportunidad de reconectar y fortalecer su relación.
Mientras la industria del cine sigue avanzando, la figura de Terence Hill se mantiene como un recordatorio de una era dorada. Su legado, sin embargo, ahora se encuentra en la serenidad de su hogar en Amelia, un lugar donde el tiempo parece haberse detenido. A medida que el mundo se mueve rápidamente, él elige disfrutar de la paz que le brinda esta vida alejada del bullicio, recordando los momentos que una vez llenaron de alegría su carrera.